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sábado, 15 de julio de 2017

DE LO QUE SE TRATA , Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

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DE LO QUE SE TRATA

De vivir se trata.
De vivir haciéndose cargo de la vida.
Con todas las aristas.
Con la existencia en las cornisas.
Vivir de frente. Sin cortapisas.
Sin engaños, ni argumentos.

De vivir se trata.
De vivir tal cual el espíritu guía.
Haciéndose cargo de todo lo hecho.

De vivir.
De vivir para siempre.
De eso se trata.
De una existencia que ha de quedar
marcada en un sitio del firmamento.

             El Castillo 24 de febrero de 1998.-


©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA                                                    

Y CUANDO, Rodolfo Virginio Leiro, Buenos Aires, Argentina

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Y CUANDO

Para mi amigo Norberto Pannone, 8 de diciembre de 2011

Y cuando yo me duerma, insomne caminante
bajo el bardal augusto con mi jovial cartilla,
desde los cardos mustios, una vital astilla
se trocará en el brillo lujoso del diamante;

mi voz que fuera brisa feraz y terebrante
escapará sin pena de su humana celdilla
hacia las cumbres alfas, hedónica avecilla
llevando el gesto amigo de ledo comediante;

no quedará una brizna de mi perfil amante;
se inmersará en olvido mi rima botavante
y cesará el dibujo mitral del universo;

quizás una parcela de mi destino andante
se mutará en el duende de rito cabildante
y quedará mi lápiz jugando con un verso.

Del libro “Conversando con la Luna”, pág. 17 , Ed. Creadores Argentinos, 2012

©RODOLFO VIRGINIO LEIRO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO FUNDADOR Y PRESIDENTE HONORARIO DE ASOLAPO ARGENTINA



TIEMPO MUERTO O CASI, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

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TIEMPO MUERTO O CASI 

Podemos decir, con acierto, que la época en que nuestra sociedad ha estado mejor preparada e informada es la presente, por supuesto, pero la calidad de esa información es también la más deficiente, más superficial.
Pasamos el tiempo con el dedo enhiesto (como está claro), sobre el teclado de nuestra “tableta”, hacia arriba hacia abajo, con mil y mil formas, ¿noticias? ¿confirmaciones de…? Banalidades más bien, aunque también nos llegan rápidas las circunstancias diversas que acontecen a nuestros familiares y amigos.
Hemos pasado el tiempo viendo la nueva foto que este o aquel amigo, ha colgado en Facebook, de la excursión que ha hecho, de lo hermosas que están las montañas, del aniversario de la hija, del gol que ha colocado el chaval, en fin, de lo guapos que quedan en las fotos, en las interminables fotos que nos muestran con todo detalle hasta lo más insignificante. Menos mal que no lo imprimimos en papel, ya que hubiéramos acabado con todos los árboles de la Amazonia.
Pero lo que sintieron los excursionistas, de si el lazo de amistad se consolidó, o no, nada de nada. Si la niña que celebró el aniversario, además de llevar un hermoso vestido, sabía que algunas niñas tan bellas como ella, no celebraran su cumpleaños porque se han ahogado intentando pasar el mediterráneo.

Finlandia es un país que ha desarrollado una gran tecnología con la industria del móvil pero también es sorprendente la fuerza de su naturaleza. En invierno todo está muerto, la gente se consuela con las saunas que todas las casas las tienen, pero cuando llega la primavera la naturaleza dormida por más de veinte grados bajo cero, emerge con fuerza y la poda de los árboles reúne tal cantidad de madera que la elaboración del papel es toda una riqueza para el país

Si movemos la “tablilla” para arriba y para abajo, al final del día acabamos con la cabeza atiborrada de banalidades, porque parece que estamos más abocados a lo facilón, con que ocupamos nuestra existencia y no obstante las guerras siguen su curso, los incendios, las atrocidades y las injusticias parece que no tengan fin, no importa seguimos dándole con el dedo a lo que nos interesa y nada más.
                                                                                                                     
©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora española

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

ANTE UN POEMA , Delia Checa, Mendoza, Argentina

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ANTE UN POEMA

Cuando, inesperadamente, un poema
impacta con su pasión, amor o martirio;
cual daga te hiere hasta la médula,
recorre tu sangre
incendiándola en llamaradas
y como un huracán arrasa
con todas las memorias…

en ese momento…
celebra la vida, lector,
canta, baila, grita de emoción,
estalla en llanto por el dolor reprimido…
pues la poesía cumple su destino
cuando sacude con fuerza infinita
los últimos bastiones del corazón;
se convierte en locura, conjuro,
beso del infierno.

Entonces, caes de rodillas,
fulminado ante sus letras de fuego,
sientes el peso de la muerte
y, sin embargo,
una estrella de fulgor increíble
desprendida del albor del universo…
¡resplandece en tu pecho
con luz inagotable!

©DELIA CHECA, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



“DÍA MUNDIAL DE TOMA DE CONCIENCIA DEL ABUSO Y MALTRATO DE LA VEJEZ “, 15-6-2017, Carlos Ascencio Barillas, El Salvador

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DÍA MUNDIAL DE TOMA DE CONCIENCIA
DEL ABUSO Y MALTRATO DE LA VEJEZ “, 15-6-2017


Solitario, parco, vulnerable, de mirada profunda
ahora que los cometas están idos
los días invencibles viajan con las aguas cristalinas
y los arreboles con las huellas que el tiempo devoró
ellos que pasaron junto a los prístinos senderos
y con el trabajo iluminaron derroteros
son sus ojos conformes a los recuerdos infalibles
ahora son víctimas de la violencia indiferente
ahora nadie escucha el lamento de su boca
y el desbordante torrente de  su caricia loca
¿Quién se fijara en los surcos de tu rostro?
¿Quién  se acuerda de tu inexpugnable pecho?
¿Dónde está el melifluo de tu inquebrantable canto?
no, el asedio de sus sueños inundó tu almohada,
en las selváticas sombras de tu interminable soledad.
Cuarenta años se fueron con el paso del firmamento
ahogaron el silencio en el grito de la imperecedera roca,
escucha, mis pecados son la ignorancia de tu aliento
y el atroz canto en la vanidad que anidan en tus destellos.
Tú que mereces el respeto de tus perennes constelaciones
y la imperceptible hidalguía de tus ínfimos honores;
después de tanto tiempo, solo, son cansas del llanto
y la tristeza dibujada en el desierto de tu breve brisa
cansado de llorar el silencio mudo de la tiranía
cansado de esperar la estrella que nunca llegó
cansado de soportar el fementido sueño de tu mundo
cansado de la vida, y cadenas de odio, y muerte
y soñar con el irremediable pasado que convierte
así se apagó la luz que enciende la neblina de tus ojos
y la hora ferina que fenece con el aviso de tu aurora
y tu conciencia es la ciencia, tierra, universo y explotación 
y en el frígido dolor que brilló desde tu cuna
también muere la esperanza en tus nieves escasas
y tu sabiduría es callar el grito del llanto ubérrimo
y el abuso que explora tu inexpugnable pensamiento,
y la agonía desenfrenada que galopa con el fugaz viento
¿Quién oirá el silencio en la sombra de tu noche?
¿Quién comprenderá el lejano pudor de tus acantilados?
Yo soy aquel que vive debajo de tus mustias peñas 
y naufraga en los laberintos que anegan tus mares
y soy aquel que perdonó el imperdonable pesar indiferente,
y siempre solo, distante, planetario, irredento, y ferviente 
y con el inmarcesible recuerdo de la inhóspita vida,
que siempre me negó el hinojo de seguir esperando…

©CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS, poeta y escritor salvadoreño.
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 8 de julio de 2017

ATANOR, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina



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ATANOR

El último acto consciente hubo de ser mi mano, entre dormida, rozando el muslo desnudo de Elsa quien, también en sueños, encontraría el momento en que esa situación pudiera repetirse en cualquier momento, todos los días; sin que para ello tuviéramos que esperar el alejamiento de él, o un viaje, o inventar algo.
Ultimo contacto que tuve con el medio que me rodea a diario. Después si no me equivoco, caí en cama; rodé, rodé y rodé hasta descender, muy abajo, más allá del suelo en que está sostenida la casa. Entre tumbos, moretes – como diría Beatriz – y sangre derramada, llegué hasta más allá de nada y de todo. Encontré un abismo oculto, intrincado, retorcido, tortura suprema, goce de saber que se atraviesa un sacrificio sin que ello lo inmute a uno.
Algo así como el Infierno. ¿Cómo es que era el Infierno? Saber del dolor; pero no del dolor en los otros, sino del dolor en uno mismo, en la piel que llevamos, en la carne, con la sangre que – goteando – marca las piedras de la caída.
¿Era el Infierno? Probablemente no lo sepa nunca. Allí donde las mezclas son sustancias invisibles, mecanismos que el calor transforma con sus llamas, donde la creación asombrada advirtiendo que el Mal puede Crear, Ser, Existir, aunque los opuestos luchen denodadamente.
Allí estaba, Atanor yo, conteniendo las sustancias especiales en franco proceso de alquímica transformación.
Al despertar dijeron que recordaba el muslo desnudo de Elsa como último contacto con la realidad; con la Libertad, como habría dicho Beatriz.

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA EN BUENOS AIRES


MANOS, Soledad Vignolo, Junín, Buenos Aires, Argentina

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MANOS

Miré mis manos, y eran de ella
Cada surco plagado de insistencias.
Un nudillo que marca su presencia
y ese pliegue derrotado de historia.

Miré mis manos, y en instantes,
comprendí que el amor sólo trasciende
si la evidencia, que nos rodea y nos abraza
logra alcanzarnos.

Un día cualquiera observé mis manos,
tenía el mismo sol de otros días,
brisa de otoño, sin mucha prisa,
nada rayaba melancolía.

Pero miré mis manos, y estaba ella,
Y mi corazón nadó en amor supremo,
Madre de madres, hija de hijas,
Manos de manos que se repiten.
Con la inquisidora memoria cerca
Sentí en mi piel sus cicatrices.

Miré mis manos, eran las de ella.
Sentí su tacto y su tersura,
Volví a mirarlas. Comprendí, con amor.
Nada perdura.

©SOLEDAD VIGNOLO, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA






LOS COLORES, Yolanda Elsa Solís Molina, "Naló", Barcelona, España





















"INTENSO" obra de la autora

LOS COLORES

Los colores, como mariposas viajeras ,van volando  por el mundo...Primero se unen al rojizo amarillento de los rayos del sol, que buscan abrigar al desamparado...pero traviesas pinceladas hacen que se escondan al fin, detrás del horizonte...La rama del duraznero florecido aparece en el paisaje, bella, rosada, fresca y radiante ....
Luego el pincel caprichoso, oscurece el cielo, detrás de las montañas, pero en ese mismo instante, la luna reclama su lugar en el paisaje, para iluminar la vuelta de l los pájaros al nido.....Mas nubes ahora rosadas, quieren participar de la fiesta, pero han llegado tarde, las sombras de la noche se lo impiden y una brisa maliciosa, confabula con las estrellas y las arrastra fuera de la tela.....EL  pincel, obediente colabora acentuando el lúgubre paisaje y el artista llora su impotencia!!! 

©YOLANDA ELSA SOLÍS, (NALÓ), poeta, escritora y artista pictórica argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

LAS POSTRIMERIAS, Ángel Medina, Málaga, Andalucía, España





LAS POSTRIMERIAS

               
 (Un ensayo no es para desvelar verdades, sino para reflexionar sobre las sombras arriesgando ideas)
La vida tiene sus días contados. Vivir equivale a la realización en el sufrimiento y, al cabo, sucumbir. Toda criatura es como una gota segregada del infinito Océano que ha de acrisolarse en la libertad. Arrojada a las orillas del mundo será resecada por el sol ardiente de su existir para finalmente evaporarse y regresar al mar. De ahí se desprenden las postrimerías: muerte, juicio, infierno y gloria.
Ante todo ¿qué es el hombre? Un ser que sin haberlo pedido ha sido precipitado a la tierra y sabe que ha de perecer. Y en este punto no ha de engañarse, pues los ojos del espíritu no pueden cerrarse como los del cuerpo y él es consciente de esta realidad. En el fondo no tiene más que un deseo y una meta: escapar de la tela de araña de la extinción y traspasar sus límites de alguna forma. Tal vez, su error consista en dejarse seducir por los cantos de sirena y buscar lo trascendente a nivel de lo inmanente. La prueba es que en el fondo pide al mundo lo que no puede darle. Le pide subsistencia y le entrega al caos.
Se da en su interior una dualidad. De una parte admitir sólo lo que su razonamiento puede comprender y de la otra abrirse a lo indemostrable, a pesar de no tener certeza. Negación y duda-positiva: acabar en la nada o la posibilidad de una nueva forma de continuar existiendo. El hombre no puede desprenderse con frivolidad de continuarse, o lo que es lo mismo, dejar de ser definitivamente.
La dote de la muerte es el desvanecimiento de la representación, la percepción por la que somos conocidos y nos sabemos. Es el abandono del hálito oculto que ordena a la materia, es decir, los átomos y el espacio. Pero esas partículas no tienen consciencia de ser, y por tanto, tampoco conciencia. Al morir se desintegra el cuerpo que perece y va a la tierra, pero ¿dónde queda esa sustancia capaz de dotar nuestro ser consciente?
De hecho, somos y vivimos para existir. Existir proviene en su etimología de “existir-se”. Ser, de alguna manera fuera de la materialidad y, pereciendo, ha de distinguirse entre la pérdida del reconocimiento de lo palpable, y el “yo”. La ausencia de ese “yo” significa que   es arrebatada la esencia. Por eso se rebela a que se lo puedan quitar y, en el último instante, incapaz de defenderse de la agresión, captándolo, lanza el grito desgarrador: ¡Mi yo, que me despojan de él!
Ante la dificultad de hablar de lo aún-no-vivido, tratemos de imaginar ese momento que, como el horizonte, separa tan sólo una delgada línea del fin. Sensación de debilidad y desconfianza, aunque no es esto el principal temor. La verdadera tragedia es advertir que la conciencia camina hacia la inconsciencia. Todo se desvanece. En el fondo no es el terror a disgregarse la apariencia, sino la pérdida de la identidad.  Malograrse el “yo”. Pues, ¿cómo imaginarse no siendo? ¿Es acaso posible subjetivar que lo que es, deje de serlo? O peor aún ¿Que quien es camine a dejarse?  Y en este punto es prudente la pregunta ¿Habría de sentirse tal suerte de angustia en el caso de una amputación? La respuesta sería ésta: no, porque la subsistencia continuaría. Y es que lo que se teme al morir es la pérdida total, y “todo” únicamente es el hombre que se nos muere, cuerpo, sí, pero también ese soplo vital que unifica lo visible con lo intangible de la sustancia que anima la vida. Tu “yo”. Mi “yo”.
De qué le sirve ganar todo aquello en lo que depositó las ilusiones, si acaba perdiendo su “yo”? (Mt 16, 26).  Es posible que en ese instante decisivo en el que se imponen soledad y desconfianza dude, mas ¿en qué se apoyará para dar el paso obligado de percibirse para no ser, y qué compañía compartirá su éxodo? ¿Puede confiarse a los demás? ¿A él mismo?  ¿Existe alguna suerte de esperanza más allá de la realidad que se vive en la frontera de ese trance, máxime teniéndose en cuenta el bagaje del positivismo y nihilismo que han configurado una parte del existir? O dicho con toda la crudeza: ¿cuál es la experiencia acumulada para el viaje definitivo?
Decía el viejo erudito Spinoza que cada ser se empeña por perdurar en él y que ésta es su esencia, lo cual implica tiempo indefinido. Aquí, podemos traducir indefinido por eternidad, pues a fin de cuenta se viene para construir el que cada cual está llamado a ser. Y en la perspectiva que se interpone entre la tierra y el cielo, se perfila el abatimiento o la confianza.
Si quien lee esta reflexión decide quedarse en lo primero, colegirá que no tiene sentido para él continuar. Si es lo segundo, prosigamos meditando juntos tan tremendo trance.
¿Ha caído en la cuenta el leedor acerca de la enorme sensación de orfandad y desnudez del momento? Encuéntrase encomendado a sí mismo y es una sensación que jamás había experimentado antes.
Desconectado, consumida las últimas pizcas de oxígeno su seso se contrae hasta convertirse en un puntito diminuto que cada vez se achica más. De la muerte clínica a la cerebral. Extinguida toda percepción, en una dimensión inexplicable, percibe un fragor que instintivamente relaciona con la inmensidad. Al fondo se vislumbra algo que se le antoja un infinito mar al que van a parar las gotas que fueron mortales y, entonces, nos sabremos una de ellas. Es un lugar sin tiempo. Allí mismo se percata que es lo que eligió ser. Ya no hay plazo de rectificación.
Encerrado en su “yo” siente el peso de la responsabilidad y a su vez ansias de liberación. Quien sostenido por Cronos trató de negar otra posibilidad que la simple percepción humana que pudiera ser confirmada por su razón y se inclinó hacia la otra incertidumbre de la incredulidad, ahora atina que fuera de la materialidad y del tiempo existe otra forma de existirse. Y es que el ser implica aceptación.
Una claridad cegadora inunda aquel lugar en el que se encuentra. Al contraste, percibe el vacío y las miserias que lleva consigo. Desea quedarse, pero su propia coherencia le hace constatar que el peso de su carga es excesivo, no siendo posible ocultarse de la luz, ni tampoco de él mismo. No es una ley externa la que le acusa, sino una balanza interna infinitamente más sensible que la de las normas y preceptos. Pura congoja.
El Juicio o examen al final de los tiempos nos ha sido presentado de manera solemne. Basta contemplar los frescos de Miguel Ángel en el ábside de la Capilla Sixtina o el impresionante requien verdiano compuesto para las honras fúnebres de Manzoni, cuando se invoca al juez airado, al que sin duda ha influido la teología de la condenación. Mas surge una pregunta y no precisamente baladí: ¿Cómo armonizar la misericordia y la justicia divina? Si nos inclinamos por la conmiseración habrá de sacrificarse la justicia, y si ponemos la atención en la imparcialidad habrá de ser a costa de la misericordia. Pues ¿es concebible ser a la vez en grado sumo misericordioso y justo? En algún momento una habrá de ceder en aras de la otra. Y ambas se relacionan a la acogida plena o al rechazo total. Al premio o al castigo.
Inimaginable momento. Indefensión. Contraste desgarrador. Al punto, un bisbiseo inunda su conciencia. Su espíritu. El alma. Su “yo” definitivo. Y aquellas palabras se deslizan para su asombro: “Has de elegir entre lo que eres y lo que estás llamado a ser”. Ser- en- el- Ser, integrándose la nada en el Todo, y el no-ser. Y no ser implica quedar atrapado para siempre en el más absoluto, completo y consciente desamparo. En lo que en ese momento es. En lo que cimentó durante su vida. No aceptarse equivale a admitir como último y decisivo destino esa nada que se llama la Muerte.
Tras el juicio sobreviene el momento concluyente. “To be or not to be” Es lo que Hamlet pronunciaba filosofando en su soliloquio sobre la mundanidad, pero trascendida.
En su último desamparo el hombre no teme a algo determinado de lo que pueda escapar, sino que se siente atenazado por un miedo acervo y radical. Recelo al aislamiento, a disponer sólo de su propia compañía. Se tiene en tan completa ausencia que su propia presencia se le antoja angustiosa.
El abandono es el espanto de sí mismo. Imaginemos una cripta y encerremos al hombre con un muerto. Bien es sabido que el cadáver es inofensivo, pero los fantasmas psíquicos rodearán su mente. En realidad ese miedo no es otra cosa que la presencia de su incomunicación ante el hecho de contemplar anticipadamente la suya propia. Y sin proponérselo, el inconsciente le grita de ello. Esa sensación se disipará en el momento en que cubra la ausencia con la compañía de otra persona, otro tú que esté junto al yo. La razón es que el verdadero pánico no es superado por la racionalidad, sino con la presencia de alguien que llene el espacio ausente.
Si padeciésemos un aislamiento inmenso, excluyente, agobiante y total en el que fuese imposible poder hablar a nadie; si se diese la incomunicación plena—a solas con nosotros mismos-- entenderíamos lo que se llama infierno. Es ese lugar en el cual nadie puede entrar salvo el que lo tiene. Es el lugar de la desesperación y el destierro más tenebroso. ¿No es éste ese momento por el que pasamos individual y personalmente al morir?
                                                                                                                                              
El A.T designa con el término “sheol”, tanto al infierno como a la primera de las postrimerías o novísimos. De esto se puede desprender que el infierno es la permanencia en la muerte, un estado de consciencia que ha de perdurar para la eternidad, sin goce ni castigo, pero sabiéndose, y sobre todo habiendo tenido por un instante el velo-desvelado del Misterio que se ha revelado al hombre y él así lo ha percibido como el Bien total. Es ese estado en el que ya no es posible concebir la certidumbre, como narra el Dante en “La divina comedia”: “¡Perded toda esperanza los que aquí entráis!” (Canto III). De alguna manera consiste en encerrarse en sí mismo, soportar la carga acumulada que se arrastra como experiencias, echar el ancla y mantenerse en la extinción-consciente.
Quien palpa su impotencia abriga la esperanza de escuchar respuesta al grito de desgarro en su padecimiento: “¿Por qué me has abandonado?” (Mt 27,46). Llamada no a la supervivencia del cuerpo, sino al que es alfa y omega de todo. Al último abandono. A la entrega confiada. Y a pesar del aparente silencio, en su interior puede escuchar un susurro. Por el contrario, en su infierno, oirá la voz atronadora de la muerte.
La médula de la pasión de Tánatos no es el dolor físico, sino el retiro radical. Allí, el hombre no tiene más comprensión que la percepción de su nada. La soledad es la región de la angustia en la cual se funda el destino-sin-destino de un ser que tiene-que-ser y choca con lo imposible.
Si el desenlace terreno es el aniquilamiento, el cielo o gloria ha de ser la acogida. Difícil o imposible descripción. Lo que más puede aproximarnos son las veladas palabras de (1.Cor 2.9): “Ni el ojo vio, ni el oído escuchó, ni el corazón humano puede imaginar”. Se trata de algo que escapa a los sentidos y representación, y como tal hemos de aceptar que está fuera de la experiencia. El cielo no es un espacio físico y ubicable, sino un estado.
Es la integración absoluta y eterna del “no-ser-siendo”. Es el todo eterno e integrador, dejándose atrás “lo-sido-para-ser”. Es la acogida definitiva al hijo pródigo que vuelve a casa después de haber malgastado su herencia, descubriendo al regreso el amor que siempre le acompañó y jamás percibió y que sólo le exige la entrega confiada.
Meditemos aquí y ahora algo que nubla el entendimiento. ¿Serán al final todos redimidos? ¿También criminales valedores de Auschwitz o el Gulag, como Hitler o Stalin, entre otros?
                                                                                                                                     
De esto han de desprenderse dos consideraciones: la predestinación y la libertad.
Si se salvan todos ¿para qué se nace? A ello, añádase desestimarse el libre albedrío del hombre para poder decidir su destino, si está ya previsto de antemano. ¿Dónde situar en tal caso la libertad? Si existe el mal es porque es consentido por lo que es previo a él, esto es, el Bien, orientado hacia un fin que no ha de ser otro que practicar su elección. (Deut. 30,15). Si son salvos unos pocos elegidos, conocida de antemano la determinación ¿no resultaría incomprensible para el resto nacer, sufrir, morir y perderse, si hagan lo que hagan no alcanzarán la meta? ¿No sería más razonable humanamente no haber sido arrojados a la vida?
Es posible que ni siquiera el mal pueda sustraerse finalmente al bien. Mas, si se salvaguarda la misericordia ¿dónde quedaría, pues, la justicia? Veámoslo así. En tanto se vive, la fe habita entre la voluntad, la indecisión, la duda y la negación. Ahora, desvelado el último velo y contemplando cara a cara, entendiendo, sólo permanece la libre y última resolución y ésta es del hombre: autoexclusión o aceptación. El veredicto no proviene de fuera, sino de su interior. En el filo de la navaja está él mismo y a ambos lados se sitúan compasión y rectitud. La oferta se mantiene intacta. En su estancia terrena podía moverle la atrición (arrepentimiento por miedo al castigo eterno); ahora es todo contrición (abatimiento al experimentar el amor de la seducción divina sin ningún filtro). Al final se argüirá que se impone la gratuidad del cielo.  En este sentido arriesgó muchísimo Papini en su ensayo “El Diablo”, sugiriendo que al fin todo será sometido, incluso el propio tentador (1 Cor 15,28)

©ANGEL MEDINA, poeta y escritor español
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  
Blog del autor: novelapoesiayensayoangelmedina.blogspot.com



Querido hermano del alma:, Luz Samanez Paz, Cusco, Perú

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Querido hermano del alma:

Para NORBERTO PANNONE, un hermano especial, con mucho cariño i admiración.

Tu palabra ha venido no sé cuándo,
con el suspiro tenue del viento,
con la magia inefable de tu acento,
con el trino de un pájaro volando.

Tu palabra ha venido suspirando,
vaya uno a saber en qué momento
i se vistió de gala el sentimiento
i un cisne de Rubén, quedó llorando.

Deja... que por tu voz vencida,
quede rendida, sí, rendida,
sobre la ruta blanca de tu canto.

Porque tu sentimiento para el arte,
es paladín, es símbolo i baluarte,
es eso, que se llama puro encanto.

©LUZ SAMANEZ PAZ, poeta y escritora peruana
PRESIDENTE INTERNACIONAL DE ASOLAPO



DIALOGANDO CON LA LLUVIA, Alejandra Zarhi, Santiago, Chile

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DIALOGANDO CON LA LLUVIA


Me gusta verte caer por lo vidrios,
deslizándote como serpiente.

Sentir el ruido de tu danza,
aferrándose en los árboles y en el cuerpo.


En el silencio oscuro
de la noche, vas danzando
hasta desfallecer.

Acostada en mi refugio
miro  hacia fuera,
esperando que ese ruido,
sea el;
arrepentido
y con sed.

©ALEJANDRA ZARHI, poeta y escritora chilena
PRESIDENTE DE ASOLAPO CHILE
EMBAJARORA CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA EN CHILE


domingo, 2 de julio de 2017

CARTA A LA NADA Y AL VACÍO, Favio Ceballos, Granadero Baigorria, Santa Fe, Argentina

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CARTA A LA NADA Y AL VACÍO

Cuéntame las historias sin final ni principio
en la orfandad del día y de la noche.
Cárgame el silencio
a la hora inmortal del trueno.
Todos los niños que piden no quieren tu regalo
las manos que sangraron no quieren tu recuerdo
alquilado por pantallas manipuladoras.
Cántame la canción sin sonido de la lágrima
piénsame sin razón, sin sentido y sin horas
ésas que el corazón no precisa nombrar
él vale por lo que transporta y su ser es el vacío.
Encuéntrame otra vez en el triste cuento en que lloran
los vagabundos, los perdidos, los sin sueño
y volveremos a empezar con las palabras
que no cuentan lo soslayado
sino el mundo que pueden llegar a ser. 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA